Era una mañana de junio en el bosque de Milo. El sol brillaba fuerte y muchos animales estaban jugando cerca del río para refrescarse.
La ardilla había organizado una carrera saltando de piedra en piedra sobre el agua.
¡Yo voy a ganar! - decía muy emocionada.
Todos empezaron a correr y saltar mientras se reían. Todos menos una pequeña tortuga que miraba las piedras desde la orilla.
¿No vienes a jugar? - preguntó Milo.
La tortuga bajó la cabeza.
No puedo saltar tan rápido como vosotros…
Milo miró el río y después sonrió.
Entonces cambiaremos las reglas. Esta carrera no será para llegar el primero… será para llegar todos juntos.
Los animales se sorprendieron, pero aceptaron.
La ardilla ayudaba a la tortuga en los saltos más largos.
El conejo esperaba a los demás en cada piedra.
Y Milo caminaba despacio junto a la tortuga para que no se quedara atrás.
Cuando llegaron al otro lado del río, todos empezaron a aplaudir.
¡Lo hemos conseguido! - gritó la tortuga feliz.
Milo sonrió mientras miraba a sus amigos.
A veces, lo importante no es llegar primero, sino llegar bien acompañado.